lunes, 11 de mayo de 2015

Agonía

T


Te alejaste buscando tu juguete favorito,
Te esperábamos con impaciencia.
Pasó la vida lenta,
Oíamos solo el viento.
Te perdiste vaya a saber dónde,
Dejándote arrastrar
En tu mundo de inocencia y juegos
Sin saber que nosotros agonizábamos por dentro.
La desconfianza y la búsqueda
Se tornaron espantosas.
El llanto de nuestros padres
Aturdió la agotadora espera.
La indecisión nos arrastró
A la desconfianza incierta,
Infructuosa y caprichosa
Que no nos concedió esperanza ni certezas.
La noche palidecía fría y cerrada,
El paso del tiempo aletargado y mudo,
Casi en vano nos llenó de angustia,
Lágrimas saladas con sabor a pérdida.
… Y así fue que regresaste,
Sonriendo con inocencia,
Despojado de todo temor,
Ausente de nuestro ahogo y dolor.
Nos encontraste a la deriva en un mar de llanto,
En el mismo lugar donde te habíamos dejado.
Te abrazaste a todos,
Sin comprender lo que había pasado.
Y esa noche la recuerdo tan cerca
Y tan lejana,
Agradeciendo que hayas vuelto,
Y que hoy ya no te vayas…
 – Poli Impelli –

Amor de Juventud

Miré a través de la mirilla de un ventanal que da a un gran patio interno, en un antiguo edificio de la ciudad condal. Recién llego y observo a mi izquierda la vida pasar a unos cuantos metros por debajo de mi silueta, en las calles arropadas de aroma a turismo, primavera y gritos de juventud.  A mi derecha, el ventanal me regala un patio interno donde se funden un par de enredaderas y flores sin aroma. La encuentro con mi mirada sin que me descubra: elegante con su vestido floreado y su melena gris adornada con una hebilla color café, sostiene en sus manos un libro añejo, de tapa amarilla y naranja, donde se esconden versos que alguna vez recibió de otras manos. Él camina lento hacia ella, apareciendo como un fantasma desde algún lugar que no alcanzo a ver, una puerta secreta de algún apartamento en planta baja. Él la mira sosteniéndole la barbilla, dejando su sombrero negro a un costado del árbol más frondoso, esperando encontrar sus ojos, perdidos durante tantos años en un geriátrico de mala muerte, ansioso por regalarle un poco de vida, del amor que alguna vez le tuvo en su juventud, cuando las cenizas de sus cabellos eran látigos morenos de brillo y éxtasis, cuando aún podía recordar su nombre y sentir su cuerpo vibrar junto al suyo.  Extendió sus manos, le tomó el rostro y le acercó su boca envejecida por tantos cigarros y tazas de café que los bares le habían permitido saborear.  Ella lo miró sin asombro pero sonrió.  Sus ojos brillaron de golpe, sin aviso, tal vez atinando alguna incipiente lágrima. Su boca respiró del letargo el Alzheimer, y pude oír su voz repleta de experiencia y juventud: “Amor… has venido a verme, por fin”.
– Poli Impelli –

La experiencia de viajar

La semana pasada, un gran amigo me recordaba en uno de sus emails:
“Si viajando se fortalece el corazón, a Litto Nebbia (renombrado cantante y compositor de rock argentino) le pediría permiso para agregar… Se ensancha, apretuja, desahucia, llena, enriquece, comprime, hincha, fortalece, vibra, se estremece, aprende a “palpitar” en/con/por y para otros, aprende a escuchar con fidelidad sus propios latidos, rítmicos, serenos, pasibles y alocados, y a escuchar los latidos de los demás, compasivamente, con una nueva comprensión. Y si el corazón vive todo eso no es sólo por viajar, sino por el “modo” en que se viaja (la “actitud”, que le dicen)”.
Las palabras de mi amigo llegaron justo cuando estaba escribiendo mi sensaciones y preferencias en la experiencia de los viajes, pero creo las suyas describen en su totalidad, con verbos de riqueza extrema, todo lo que se siente y se vive mientras se viaja.  Igual, porque ambos sabemos de esto, me sumo a sus palabras con las mías…
Viajar es una experiencia extremadamente enriquecedora y única. Te zambulles constantemente a situaciones nuevas, inusuales, diferentes a lo conocido y simplemente inspiradoras.  Llegas a probar comidas extrañas, experimentas diferentes culturas, entiendes idiomas antes incomprensibles, e intentas con nuevas actividades. Pero creo que lo mejor de todas las cosas maravillosas que ofrecen los viajes es la gente con quien te encuentras en el camino.  Sea otro mochilero solitario, un grupo que viaja con los mismo objetivos, aquellos que se aventuran a un experiencia nueva por trabajo o por motivos de estudio, o los forasteros de cada pueblo, “dueños” de las ciudades que visitas, la gente que encuentras en cada rincón de tu viaje – desde que comienzas en un avión, tren, barco o caminando– es la mejor parte de cada aventura.
Hay algo oculto y misterioso en los viajes, que te inspira a dar los pasos necesarios para construir relaciones con otras personas. Ya sea por el hecho de vivir situaciones en común que generalmente están fuera de tu zona de confort o por tener intereses similares, las relaciones que surgen en los viajes pueden ser muy intensas, pero increíblemente inolvidables.  Y eso es lo mejor del camino: cuán velozmente se construyen.
Estos lazos que puedes formar con otra persona en tan corto tiempo son poderosos y humildes.  Hasta ayer eran desconocidos de diferentes países y culturas, y hoy comparten pequeños pedacitos de sus vidas íntimas. Y todo comenzó tal vez, simplemente, con un tímido “Hola, ¿hacia dónde vas?”, una sonrisa, un simple consejo o una invitación.
Compartir una experiencia con otro ser humano en un país diferente es enriquecedor y gratificante; y no siempre es por lo que ves o haces, sino por la gente con quien ves todo esto, lo que hace la aventura aún más intensa e interesante.
A mí, particularmente, me encanta explorar y descubrir nuevas ciudades, países y culturas, pero sin dudas lo mejor de cada viaje es el encuentro con toda esta gente extraordinaria que aparece en el mismo lugar que uno, y en el momento exacto.  Sus historias y experiencias son tan fascinantes como únicas, y ofrecen una perspectiva más amplia de todo lo que existe en el mundo, que muchos desconocen, o conocen sólo por alguna noticia en un canal de TV, un libro o porque alguien más les contó su experiencia.
Puedes tener todo calculado, planeado e imaginado en tu cerebro. Pero aún con estructuras y planes, en los viajes suceden variables inesperadas, y nunca resultará ser lo que habías planeado cómodamente antes de partir. Al encontrarte con lo desconocido, tu mente y corazón se ponen en alerta constante, abriéndose a la posibilidad de peligros, al hambre, a los extremos, a diferentes climas, a los posibles inconvenientes y también a todo lo sorprendente que te ofrece cada lugar por explorar.  Los cinco sentidos están en alerta constante, y te puedes fusionar con el presente de una forma única y con una sensibilidad extrema, seas como seas en tu mundo diario y habitual.  En ese presente es que te encuentras con esta gente transformadora, viviendo sus propios presentes, con la misma magia que tú, sorteando las mismas variables y compartiendo sus vivencias, ofreciendo, dando y recibiendo de igual forma en que tú te ofreces, das y recibes.
Si puedes, si la vida te da la oportunidad y te lo permites, mientras tengas salud y medios, sal a viajar y explora.  Y mientras lo haces, asegúrate de encontrarte con tanta gente como te sea posible.  Libera tus prejuicios. Despójate por un largo rato de tus creencias arraigadas en casa para abrirte al mundo con lentes nuevos, a través de gente variada y flexible a mostrarte sus propios mundos.  Asegúrate de regalarles tu parte, tu pedacito de ciudad, de país, de cultura y de tu alma.  Te aseguro que habrás dado más de lo que imaginas, y que tu collage de experiencias en esas vidas habrán dejado su huella.
Te cambiará – cada vez que viajes, por cualquier motivo –  la visión de tu existencia y del mundo en el que habitas. No volverás a ser el mismo, si te has podido conectar con cada amanecer, atardecer, con cada peligro, cada solución y sobre todo, con cada persona que vive las mismas experiencias que tú. Viajando, explorando, encontrándose, y perdiéndose para volverse a encontrar.
Cualquier viaje te cambiará.  Y ya habrá valido la pena.
– Poli Impelli –

Cúmulos y limbos: 'Emma', de Jane Austen, cumple doscientos años en ...

Cúmulos y limbos: 'Emma', de Jane Austen, cumple doscientos años en ...: (Más sobre Jane Austen y algo más sobre los hombres de Jane Austen ) Este año se cumplen doscientos años de la publicación de Emma , un...

martes, 3 de marzo de 2015

Ingredientes de la Amistad

Una gran amistad tiene dos ingredientes principales: 

El primero es el descubrimiento de lo que nos hace similares.

El segundo es el respeto por lo que nos hace diferentes.


Me doy cuenta que a quienes llamo "hermanos/as" de la vida por ser grandes amistades, infinitamente unidas en el Alma, tienen estos dos ingredientes como cimiento fundamental. No importa si hay distancia o la sinceridad absoluta para no estar de acuerdo y no llegar a estarlo; no deja nunca de haber RESPETO (el mío como primer condimento - "El modo en que deseas que la gente se ocupe y cuide de ti consiste en ocuparte y cuidar de ellos primero" -, sino que lo recibo con el mismo amor y calidad, aunque sigamos en desacuerdo).

Durante muchos años me costó comprenderlo... 
Hace ya tiempo largo DISFRUTO en no estar de acuerdo y en que no estén de acuerdo conmigo, pero que el respeto y lo que nos hace tan similares nos siga manteniendo unidos. Y en mi caso, la palabra distancia es la gran bruja que desafía aún más esos dos ingredientes. Lo hace aún más difícil, más complejo, más dependiente de otros medios que de la mirada o la palabra.


Y si hay algo en lo que creo fervientemente, tanto como en la Vida, es en mirarnos a los ojos, y en el poder de las palabras